La herida con la fotografía, Mujeres Humanas, Emprendedoras, Marcas Personales

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Reconociendo mis heridas a través de la exposición en este viaje llamado Vida y cómo transformarlo en un súper poder.

Desde que tengo memoria, mi vida ha estado entrelazada con la fotografía. Comencé como modelo desde que nací, durante mi infancia fue muy divertido y continué en esta faceta hasta la adultez, lo solté porque ese sector no podía ser más tóxico. Durante años, mi relación con la fotografía se centró en una mirada superficial: en lo bonito del exterior, en la niña o mujer esperada de la sociedad, en las poses perfectas y en las sonrisas cuidadosamente elaboradas. Sin embargo, todo cambió cuando acabada de estrenarme como madre en 2012, documentar toda esta transformación me hizo dar un paso hacia adelante y usar la fotografía como un medio para ser salvaje testiga de ello. Con mi segundo parto, ese viaje me llevó a reconocer mis heridas emocionales con el cuerpo, acabando de materializar un bello proyecto que lo llamé Proyecto Postpartum que me llevó a amar cada vez más mi cuerpo a través de fotografiar los vuestros y compartir en tribu y en círculo. Y con el tercero, a cambiar mi rumbo laboralmente, seguir explorando mi mundo interior y acompañar finalmente a mujeres a amar sus cuerpos y a elevar sus emprendimientos desde la energía femenina, desde la amabilidad del Ser, desde una nueva manera de ver, sentir y crear una Marca Personal, un emprendimiento, un negocio perfectamente imperfecto, humano y hermoso.

A medida que me embarcaba en un viaje de introspección, empecé a mirar más allá… y más allá… y más allá. Capas y capas… de piel, de vello, de músculos, de nervios, de inseguridades, de belleza, hasta llegar a lo más esencial. La práctica de la fotografía consciente se convirtió en una herramienta poderosa para conectar con el alma de las personas, pues aún fotografiaba familias por lo general, y aún hoy con alguna esas familias aún me abro a fotografiarlas.

Mi mirada, veía mucho más que rostros bonitos; comencé a percibir emociones, historias, sentimientos y experiencias profundas que resuenan en cada una de nosotras hasta lo más profundo de nuestros huesos. Cada clic se transformó en una afirmación de nuestra humanidad compartida, un recordatorio de que todos tenemos derecho a ser vistos, sentidos y escuchados.

Recuerdo claramente los momentos en los que me sentía vulnerable al mostrarme ante los demás, después de décadas expuesta en publicidad y como fotógrafa parecía mentira. La idea de ser vista, me llenaba de miedo. Y me escondía detrás de mi cámara, capturando la belleza del mundo sin atreverme a ser parte visible de él. Pero al enfocarme en el alma de las personas, descubrí que también podía encontrar mi propia esencia en ellas, me veía en ellas, me sentía en ellas, me reconocía en ellas…

Exponerme yo, conmigo misma ante mi cámara se transformó en un ritual sagrado dentro de mi proceso introspectivo. De verme, mirarme, reconocerme, juzgarme, abrazarme, mirarme, perdonarme, encontrarme, no quererme ver, hasta amar verme y reconocer todo lo que soy por fuera y también por dentro… Crucé un portal propio y empecé a caminar un nuevo sendero.

Tal sendero al cabo de un tiempo me llevó a permitirme ser fotografiada por otra persona de nuevo. Sentí miedo, inseguridad, recuerdo que toda yo temblaba. Y mi permiso día a día se ampliaba, me relajaba, me sentía segura y contenida. Dejé de sentir tanto miedo al juicio ajeno, comencé a ver cada tiempo kairós fotográfico con ella como una oportunidad para caminar un poquito más, ahondar un poquito más, recordar que me llevó hasta aquí un poquito más, relajar el cuerpo un poquito más, fluir un poquito más, sentir un poquito más, abrirme un poquito más… hasta reconocer en mi que esos tiempos propios de transitar emociones cada vez fluían más y más rápido. Y finalmente encontrarme a gusto conmigo misma sabiéndome mirada por otra persona, de alma a alma. Todo este viaje, forma parte de mi viaje como humana en esta vida. Y todo este permiso me permite traspasar capas propias para venir hoy y contarte mi historia en cuatro líneas. Mi vulnerabilidad sale para poner al servicio mis palabras, emociones, lo vivido, darme voz, y luz; y quizás a quién me sienta o lea.

Cuando traspasé esto entendí.

Entendí lo que hace tiempo que ofrezco y entendí las palabras, las sensaciones, las emociones que recibo de ellas. Es algo muy grande. Encarno la historia de quienes tengo frente a mí y cómo ellas sienten el momento en lo más profundo de sus huesos. Cada imagen se convierte en un reflejo de sus emociones, también de las luchas y triunfos internos. Los siento nuestros. A través de este proceso, sigo descubriendo que al compartir mi verdad con vosotras, también estoy recordando quién soy y sanando las heridas que me habían mantenido atada; y como las he ido soltando hasta liberarme.

Ya lo sentía, ahora lo sé porque ellas verbalizan, ellas ríen y lloran, ellas cantan, ellas hablan, ellas las Voces de Venus, se expresan.

No quiero llamarle sesión de fotografía, lo llamaré “Un tiempo kairós conmigo”. Este tiempo kairós conmigo es mucho más que simplemente posar frente a una cámara para realizar fotografías bonitas; es un portal hacia el autodescubrimiento compartido. Es una invitación a explorar nuevas etapas de tu vida, de ti, de tus límites, de tu verdad, de tu permiso, y también es una invitación a verte y reconocerte desde una perspectiva sin juicio y auténtica. Durante nuestro tiempo juntas, creamos un espacio seguro donde puedes dejar atrás tus inseguridades y abrirte a la posibilidad de descubrir aspectos ocultos de ti misma.

Este viaje juntas se magnifica aún más al habernos conocido previamente online y haber compartido camino para elevar tu visión, propósito, energía y estructura en mis programas. Al haber trabajado juntas antes, lo hemos preparado, y ya hemos establecido una conexión profunda, alma a alma, basada en la confianza y el entendimiento mutuo. Esto permite que cada tiempo kairós fotográfico juntas sea aún más significativo; no solo capturamos imágenes hermosas con propósito, sino que también celebramos nuestra evolución personal y el crecimiento que hemos experimentado desde que nos conocimos hasta hoy.

La fotografía consciente trae regalos, me enseñó que no estoy sola en mis experiencias. Al compartir mi viaje personal, mi emprendimiento, mi espiritualidad e imágenes al mundo, he encontrado una comunidad de almas afines que también buscan explorarse, expresarse y encontrarse. Juntas hemos creado un espacio seguro donde podemos ser auténticas sin miedo al juicio. Este acto de exposición se ha convertido en un poderoso catalizador para la sanación colectiva y que nuestras Marcas Personales y emprendimientos se expandan individual y colectivamente.

Hoy puedo decir con confianza que la fotografía consciente ha cambiado radicalmente mi relación con la exposición pública. Ya no veo el acto de mostrarme como algo aterrador; lo veo como una celebración con propósito de quién soy y del viaje que he recorrido. Cada foto es un testimonio de mi valentía y una invitación para otras mujeres a hacer lo mismo. Te invito.

Así que aquí estoy, lista para seguir explorando y compartiendo mi historia a través de mi mirada mientras continúo este viaje profundo hacia adentro. La fotografía no solo ha sanado mis heridas; me ha recordado quién soy, me ha empoderado para abrazar mi luz y mi sombra por igual. Y sé que cada vez que mi Ojo de Venus presiona el obturador, estoy dando un paso más hacia la soberanía, la libertad y la autenticidad propias, colectivas y compartidas.

Sin más, nos abrazo y Nos AMO,

El Ojo de Venus

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